En el siglo XIX la peste azotó a Europa, y hoy, para desgracia de todos, el secuestro es la peste que está carcomiendo a la sociedad mexicana.
En lo que va del año, cerca de 500 secuestros han sido denunciados en todo el país. Este crimen, por supuesto, no sólo atenta contra la vida, contra la libertad, contra la dignidad, sino que lleva, y creo que no es exageración decirlo, a morir un poco cada instante a quien lamentablemente padece este crimen.
Las consecuencias evidentemente trascienden a las víctimas. Impactan a su familia, al mercado laboral, por supuesto a la gente más cercana, pero también a la sociedad toda. No sólo el agravio hace que todos lo padezcamos, sino que también en consecuencia la responsabilidad la compartamos.
No sólo hay detrimento económico, secuelas psicológicas que perduran toda la vida, sino que cambia radicalmente la calidad de vida de los mexicanos.
Es evidente la deficiente estructura jurídica para hacerle frente a este crimen, que lamentablemente pareciera estar de moda.
La concurrencia competencial hace que estados como Quintana Roo tengan penas mínimas de cinco años; Morelos, de diez, como si la dignidad y la libertad de las personas valiera distinto en cada entidad de la República.
Los secuestrables, así como los justiciables, a fin de cuentas, somos todos. Por ello la propuesta es una reforma de hondo calado que, modificando la Constitución, permita al Congreso de la Unión tener facultades exclusivas y que por ahora pueda expedir una ley para prevenir y sancionar el secuestro, y otras leyes secundarias de las que ya el señor Presidente dio cuenta, para mantener una visión integral del fenómeno, no sólo contemplar el tema de la pena o la investigación, sino que esta especie de cadena sea robustecida eslabón por eslabón.
La Policía Preventiva, la de investigación, el Ministerio Público a cargo de la integración de las averiguaciones previas, la autoridad judicial, y por supuesto, un sistema penitenciario que, respetando los derechos de las personas, trate como lo que son a los secuestradores; a estos criminales que no merecen consideración alguna de la sociedad.
Se trata, entre otras cosas, de crear un tipo penal más claro y protector, y algo importante, federalizar el secuestro, porque la concurrencia competencial a los únicos que ha ayudado es, justamente a los secuestradores, que amparados por deficiencias jurídicas o por confusiones terminológicas, acaban haciendo de las suyas.
La instauración de una comisión federal para combatir el secuestro, un programa nacional para su prevención, persecución y sanción, que incluye también medidas de atención y protección a las víctimas, a los familiares, a los testigos, además de los programas de capacitación y control de confianza para el Ministerio Público y la policía, que se inscriba en la modificación radical que tenemos que hacer al Sistema Nacional de Seguridad Pública.
La inhibición del delito a través de la prohibición de seguros de riesgo, la integración de bases de datos criminales, teléfonos únicos para denuncia, creación de un fondo antisecuestros integrado por recursos federales y aquellos provenientes de la extinción de dominio. La regulación de las instituciones del sistema financiero, que suelen convertirse involuntariamente en un eslabón delicado y pernicioso en esta cadena delictiva, la suspensión de beneficios preliberacionales a los condenados por este delito, entre otras cosas.
Presento esta iniciativa a nombre de todos los diputados de la bancada priísta y de los senadores de la misma afiliación política, porque queremos acreditar que no sólo estamos cumpliendo un deber jurídico, sino atendiendo una responsabilidad ética y profesional, y porque ejercemos aquí no sólo un derecho, sino la oportunidad de que la convicción personal de que cada uno aporte a la solución integral a esta fenomenología creciente, nosotros la podamos demostrar a plenitud.
Tengo la certeza de que en el combate al secuestro estaremos de acuerdo todas las fracciones parlamentarias. Éste es un tema en el que la sociedad civil y el poder público tenemos que caminar de la mano para hacer frente común a esta demanda de paz, de seguridad y de justicia.
Dijera Dolores Castro: "Duelen los pulgares, y sigue doliendo hasta los pies, y duele que esto ya no le duela a nadie". Esta indolencia ante el secuestro a la que lamentablemente nadie escapa, no puede seguir así. |